Blog / Reflexiones - Psicólogo Alex Allendes Camus

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Este es un espacio para compartir experiencias y/o pensamientos respecto a formas de intervenir, siempre desde casos especificos y puntuales, sin afán de ser una guia determinante de intervención. 
“El cambio es una bola de nieve”:

Hay un momento en el proceso psicoterapéutico, donde es importante trabajar respecto de los cambios que se están presentando, más aun cuando éste es “como una bola de nieve”, ya que cuando parte, no hay como detenerlo. Sin embargo, a veces la costumbre de ver el problema y su presencia, aunque ésta sea cada vez más pequeña, no permite identificar y reconocer los momentos de excepciones. Es aquí, donde debemos detenernos y facilitar que “la bola de nieve” siga creciendo. Pero primero debemos partir, con motivar a la persona a que vea su futuro sin el problema, logrando identificar qué cambios concretos notaria si su dificultad no estuviera presente en su vida, eso permitirá hacer visible el cambio, cuando éste comience a aparecer y estaríamos en el momento indicado para identificarlos e intensificarlos, además motivaría al cliente de seguir logrando sus metas y permitiendo centrar su atención en los positivo. En otras palabras, haciendo crecer más “la bola de nieve”.

Les comparto una tarea:
“Pregunta del milagro”: Pensemos que esta noche mientras duermes, sucede un milagro y todos tus problemas se resuelven, pero como estas durmiendo no sabes que el milagro ocurrió. ¿Al día siguiente, qué cosas vas a notar diferente, que te haga dar cuenta que ha ocurrido un milagro?
“Creo que notaria un cambio en mis reacciones frente los acontecimiento que me pasan. Antes reaccionaba de una, al tiro y agresivamente, era acción y reacción, era más instinto, como cuando entrenas y te pegaban un combo y uno automáticamente lo bloqueabas. En cambio, ahora es un proceso de razonamiento en base a los hechos, más calmado, pensaría antes de actuar”.

En ella, podemos visualizar como la persona logra identificar que cambio espera de su comportamiento, que cosa concreta la ayudaría a sentirse bien, en este caso no actuar de manera impulsiva, ya que esto no le permite lograr sus objetivos y lo lleva a tener problemas (a nivel personal y laboral) con las personas que más quiere.

Alex Allendes Camus
13 de agosto de 2015
Hay momentos que como psicólogos nos vemos tentados en mirar e identificar las carencias o problemas de nuestros clientes, cómo si ese conocimiento nos permitiera ayudar a la persona que tenemos enfrente, o nos concediera sentirnos mejor con nuestro quehacer profesional, al poder decir, con exactitud de qué padece nuestro cliente. Claro, esta trampa viene desde nuestra formación profesional, donde fuimos guiados a desarrollar y perfeccionar nuestro ojo clínico e nivel diagnóstico.
Tal vez, les habrá pasado que cuando conversan con un colega respecto de un caso, el profesional conoce como si fuera la palma de su mano las dificultades de su paciente, pero el escenario cambia, cuando se profundiza en los resultados o aprendizajes que dejó el proceso de intervención y varía mucho más, cuando es el paciente, quien debe referirse de los cambio que logró.
A veces me imagino la siguiente escena; veo una persona en un domo, que está oscuro, pero que tiene varias salidas y esta persona solo busca partir de ese lugar. Es este el punto crítico, donde podemos focalizar todas nuestras fuerzas en comprender y entender cómo funciona la vida al interior de domo, buscando entender cómo la persona llegó ahí, o centrarnos en buscar el interruptor que de la electricidad para poder lograr ver dónde está la puerta de escape y guiar a la persona hacia ella.
El primer escenario, claro que es tentador, conocer algo desconocido, con procesos únicos, ser el descubridor de ello. Pero aquí, surge mi pregunta. Durante el tiempo que estemos buceando o siendo verdaderos antropólogos, ¿la persona conseguirá cambiar?, ¿El tiempo que ahondamos en buscar información y establecer relaciones, facilita el cambio?. A veces, creo que aquí es donde se pierde el norte y olvidamos el verdadero motivo de consulta, ya que en vez de caminar hacia la puerta, establecemos un asentamiento al medio del domo para investigar y cuando tenemos claridad de cómo es la vida al interior, pensamos que la persona logró su objetivo.
En cambio, el segundo escenario, nos invita a poner todo nuestro conocimiento a favor de buscar una salida junto nuestro cliente, nos impulsa a caminar, a generar cambios, a no comprender, sino a solucionar las cosas, para salir del lugar donde se está. Generando que nuestro cliente desarrolle herramientas que faciliten su caminar y aprenda estrategias para superar los obstáculos que se le interpongan.
Por lo mismo, una de cosas más importante al término de un proceso de intervención psicológica son los aprendizajes que adquirió por nuestro cliente, aprendizajes de cómo logró salir del domo, qué recursos personales utilizó.


Alex Allendes Camus.
Cuando nos auto exigimos ser felices, creyendo que para ello es necesario no sufrir, tener un mundo que siempre estará de nuestro lado y que nada malo nos pasará, nos terminamos poniendo una meta tan imposible como irreal y nos frustramos, nos enojamos con nosotros y con el mundo. Sin embargo, a veces, es necesario conocer lo que somos, aceptar lo que tenemos, valorar a quienes nos rodean e identificar lo que realmente podemos lograr y no buscar metas inalcanzables, sino objetivos reales y contextualizados en nuestra historia.
A veces, el perro nos impide el poder ver la totalidad de lo que pasa en el día, nos oculta los momentos de felicidad que deambulan por delante nuestro. El perro negro nos ha convencido de que sólo hay dolor y tristeza en nuestra vida y nos ha hecho creer de que la felicidad depende de otros y que la infelicidad depende de nosotros, esa gran mentira nos obstaculiza encontrar el sentido de nuestra vida, nos cierra la puerta a ser feliz. Aprendamos a rescatar los bellos momentos de alegrías que tenemos en el día, dandole el espacio y peso que se merecen.
 
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